Elinor Wylie: Pastoral del manantial


Ve a sumergir tus largas manos, Liza,
en las frías aguas de ese manantial,
que hace bullir al fúlgido arenal
y en columbinos tonos lo matiza.

Hunde tus manos bien, tus uñas breves
remoja hasta dejarlas bien perladas,
cual botón de laurel, o más rosadas,
y ven después entre las luces leves.

Tus manos gélidas posa en mi frente;
y así habré de dormir: veré en mi sueño
ramas de sauce argénteo y marfileño
que hunden sus dedos en una corriente.

Elinor Wylie
Versión al español de J. Darío Bravo (27/2/2019 y 19/3/2019)

Liza, go steep your long white hands
In the cool waters of that spring
Which bubbles up through shiny sands
The color of a wild-dove’s wing.

Dabble your hands, and steep them well
Until those nails are pearly white
Now rosier than a laurel bell;
Then come to me at candle-light.

Lay your cold hands across my brows,
And I shall sleep, and I shall dream
Of silver-pointed willow boughs
Dipping their fingers in a stream.

Adaptación: Soneto sobre una noche alpina (Dorothy Parker)

Soneto en una noche alpina

Mi mano, algo elevada, una estrella tropieza;
dondequiera que mire picos glaciales se hilan
desde antes del Olimpo así hechos, se perfilan,
se expanden, y una argéntea barra los atraviesa.
Tan lejos he viajado para hallar la Belleza;
pero ahora, cual si a mi alma dedos de plomo aciago
la oprimiesen, en lágrimas feroces me deshago,
y de todos mis llantos es este el que más pesa.

Quien tras de la Belleza se arrastró tantos días
mendigando las zarzas que pasaba de largo
y gritando su nombre en pétreas galerías,
habrá de conocer el hastío más amargo
el día en que la Belleza, mansa ya finalmente,
una vez que estén solos no le sea suficiente.

Dorothy Parker
Versión al español de J. Darío Bravo (11/9/2018 y 7/10/2018)


My hand, a little raised, might press a star—
Where I may look, the frosted peaks are spun,
So shaped before Olympus was begun,
Spanned each to each, now, by a silver bar.
Thus to face Beauty have I traveled far,
But now, as if around my heart were run
Hard, lacing fingers, so I stand undone.
Of all my tears, the bitterest these are.

Who humbly followed Beauty all her ways,
Begging the brambles that her robe had passed,
Crying her name in corridors of stone,
That day shall know his weariedest of days—
When Beauty, still and suppliant at last,
Does not suffice him, once they are alone.

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